Cuando las ideas llegan en el momento menos indicado

Ilustración de una escritora de espaldas sentada en un escritorio, con cabello rizado largo y pequeñas mariposas azules que simbolizan ideas creativas saliendo de su cabeza.

Hay algo curioso, y un poco cruel en el proceso creativo: las mejores ideas no llegan cuando estás frente al computador, llegan cuando estás haciendo cualquier otra cosa. En medio del trabajo remoto, en una reunión, mientras caminas a la cocina, bajo la ducha o justo antes de dormir. Y, por supuesto, cuando tienes la agenda llena o simplemente no tienes cómo escribirlas.

Aunque parezca frustrante, este fenómeno es más común de lo que creemos. La mente creativa funciona como un río: fluye cuando menos la presionas. Y aunque muchas veces deseamos que llegue la inspiración cuando decidimos sentarnos a trabajar, la creatividad tiene su propio reloj… y casi nunca coincide con el nuestro.

La creatividad que aparece en los momentos inoportunos

Durante años pensé que algo estaba mal conmigo porque las ideas que más amaba nacían en situaciones completamente imprácticas. En la universidad, por ejemplo, mientras los demás tomaban apuntes, yo estaba mentalmente desarrollando escenas, diálogos, incluso mundos enteros. No era intencional. Simplemente aparecía un pensamiento, una imagen o una frase… y ya no podía ignorarlo.

A veces me ocurría en el trabajo. En plena llamada o completando un informe, se encendía esa chispa que me obligaba a abrir una nota rápida o a escribir debajo de un informe importante.

Incluso hoy, trabajando remoto, me pasa con frecuencia. De pronto surge una idea brillante, justo cuando no tengo tiempo para desarrollarla. No llega cuando planifico la tarde completa para escribir, llega cuando estoy ocupada, distraída o emocionalmente agotada.  

Otro momento muy mío, es cuando me acuesto después de un día agotador. Mi cuerpo está rendido, pero mi mente empieza a proyectar escenas como una película sin pausa. Ideas para cuentos, reflexiones para el blog, decisiones sobre proyectos, incluso diálogos completos. Es como si la creatividad esperara a que bajara la guardia para aparecer.

Al principio lo vivía como un caos. Como una falta de disciplina. Como una incapacidad de “ser constante”. Pero con el tiempo entendí que es parte de mi forma de ser: una mente altamente sensible, siempre observando, siempre procesando, siempre imaginando.

Abrazar el caos creativo (en vez de pelear con el)

Aceptar que la creatividad no siempre llega en el momento perfecto fue uno de los mayores alivios de mi vida. Cuando entendí que no era un fallo, sino un patrón natural, dejé de luchar contra ese caos.

No todas las ideas tienen que convertirse en algo grande en el mismo instante en que nacen. Algunas solo necesitan ser capturadas. Otras necesitan reposar. Algunas nunca se usarán, y está bien. Y otras, las mejores, aparecen precisamente cuando estoy ocupada, porque la mente encuentra conexiones mientras hago cosas automáticas.

Al final, la creatividad realista no se alimenta de horarios impecables, sino de estar dispuesta a escuchar cuando una idea toca la puerta, así aparecieron muchas de mis historias en especial, Crónicas del Reino Oscuro

Cómo convivir con ideas que llegan a deshoras

No existe una fórmula mágica, pero esto es lo que me ha funcionado:

1. Llevar siempre una libreta o usar una app de notas

Un cuaderno, una nota en el celular o un documento llamado “ideas sueltas”. Lo importante es no perder lo que llega. Como au pair usaba mucho estas notas; en el ajetreo no podía andar con una libreta, pero esas ideas capturadas me han salvado más de una vez cuando entro en bloqueo o quiero retomar proyectos olvidados.

2. No te exijas desarrollarlo todo al instante

A veces la idea solo quiere ser anotada. Ya habrá tiempo de darle forma. Esto me cuesta muchísimo: cuando una idea se me mete en la cabeza, puedo quedarme “ida” recreando escenas mientras debería estar concentrada. Por eso escucho música sin letra, sonidos, ASMR o simplemente uso los audífonos en silencio para enfocarme en el trabajo antes de que la idea vuelva a aparecer.

3. Escribe aunque sea un poquito cuando tengas energía

Es la manera más serena de mantener todo en orden. Escribir no solo organiza lo que hay en mi cabeza, también le da sentido a la creatividad. ¿De qué sirve imaginar mundos emocionantes si nunca los comparto?

Reflexión final

Sé que las ideas seguirán llegando en los momentos más inesperados, y ese es parte del encanto. Ser escritora no es tener control total sobre las musas, sino aprender a convivir con ellas, incluso cuando interrumpen la rutina.

Quizás no siempre podemos escribir cuando queremos, pero las ideas no se van así de fácil. La mayoría llega para quedarse, tomar forma y, cuando llega el momento adecuado, florecer.

También te puede interesar

¿Te gustó lo que leíste? Compártelo y ayúdame a llegar a nuevos lectores.

5 1 voto
Califica esta entrada
guest

0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
error: Este contenido está protegido. No se permite copiar.