El pozo

Desperté y lo primero que vi fue el cielo azul radiante al fondo de un tubo de piedra grisásea. Me incorporé mirando alrededor. Estaba sentado sobre una saliente de piedra. El agua terrosa y verde subía. Eso me había despertado. Parte de mi cuerpo estaba sumergido.
En el otro extremo vi a una mujer y un adolescente sentados. Me miraron por un momento y luego volvieron a mirar al agua. Miré hacia arriba de nuevo en busca de una forma de salir, pero la superficie estaba, según mis cálculos, a cuatro metros y las paredes eran tan lisas que no había forma de escalarlas. El pozo medía unos diez metros de diámetro. La saliente de piedra que me sostenía no llegaba a los desconocidos, pero ellos no tenían intención de nadar hasta mí y yo menos. El agua era tan oscura que era difícil adivinar su profundidad y lo que había debajo.
Con el crepúsculo el agua empezó a aclararse, pero no cedió. Seguía subiendo. Empezó a mostrar poco a poco su profundidad. Se veía una escalera que bajaba en círculo alrededor del pozo y se perdía en el fondo. Hubiera preferido ignorar lo que contenía. Se me heló la sangre. Los otros se levantaron y retrocedieron aterrados.
Empezó a llover y la claridad del agua se mitigó. Subía más rápido. No sabía qué hacer. Miraba a los demás en busca de ayuda y ellos me miraban a mí expectantes. No sabía nadar. Estaba sumergido hasta la cintura. Salté al centro sin pensarlo. Recordé cómo flotar: mantener la cara y el pecho en la superficie, dejar que los pies se levanten, extender los brazos a los lados. Sentí la lluvia golpear mi cuerpo, pero eso significaba que estaba flotando mientras ascendía lentamente. Respiraba. Tenía mi vista puesta en el cielo.
El pozo rebosó y caí en la hierba verde. Me arrastré con rapidez lejos de él. No había nada alrededor. El corazón me latía con fuerza. Decidí esperar a que salieran los demás, no tenían otra opción más que saltar. La lluvia cesó y dejó de salir agua del pozo. Entonces entendí que ya no saldrían. Estaba solo. Podía tomar cualquier camino. Era aterrador. Pero no tanto como ahí dentro.
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