Propósitos de Año Nuevo: lo que no planeé, lo que logré y el crecimiento silencioso

Cada año nuevo viene cargado de expectativas, de listas, de promesas que hacemos con la esperanza de que ahora sí este será el año. Proyectamos una versión futura de nosotros mismos que, en teoría, debería estar mejor, más estable, más realizada. Pero con el tiempo uno aprende algo incómodo: muchas de las cosas importantes no ocurren como las planeamos. Aun así, seguimos planeando; no porque tengamos el control, sino porque es una forma humana de cuidarnos mientras avanzamos.
Vivir como migrante: decisiones que pesan distinto
Una de las experiencias que me hizo reflexionar más sobre este tema fue mi tiempo como Au Pair. Era un programa limitado y ser migrante, aunque sea temporal, te coloca en un estado mental muy particular: todo se siente definitivo. No es lo mismo pensar tu futuro desde la comodidad de tu país de origen o desde la casa de tus padres que hacerlo sabiendo que cada decisión, pequeña o grande, puede cambiarte la vida.
Viví mucho tiempo con esa presión constante de qué debía hacer con mi vida una vez terminado el programa, incluso desde antes de viajar tenía algo planeado y de hecho es algo que preguntan las agencias, ¿qué harás cuando termines el programa? Mi respuesta era: estudiar una maestría en psicología clínica.
Mis planes eran el tema de conversación con familiares, amigos, conocidos y hasta extraños que te encontrabas en el camino y que eran migrantes. Las opciones eran limitadas: casarte, estudiar con apoyo de un sponsor y/o trabajar. Ninguna de esas encajaba conmigo, yo estudié, apliqué a becas, certifiqué mi nivel de inglés, hice varios cursos en búsqueda activa de una opción buena para mí.
Recuerdo que en diciembre de 2024 hice un vision board con un grupo de au pairs, nos reunimos en casa de una de ellas con fotos impresas y pintura y cada uno empezó a armar el suyo. Fue una experiencia agradable. Se supone que los vision boards son anuales, pero yo lo hice pensando en tres años. Sabía que muchas de esas metas no dependían completamente de mí y que otras tomarían mucho más tiempo. Y eso me dio mucha más tranquilidad, porque a finales de 2025 no sentí como si hubiera fracasado, sino como si estuviera en proceso.
Lo que sí logré en 2025 (aunque no lo planeé así)
Este año no hice un listado formal de logros, pero mirando hacia atrás, hay cosas importantes que sí ocurrieron.
Volver a Colombia: Decidí regresar después de dos años pensando que quizá no volvería. La adaptación fue durísima a nivel cultural y ambiental; el calor de Cartagena fue sofocante a diferencia del helado clima de Michigan. Volver con otra mentalidad, otras experiencias y otra forma de ver el mundo sacude todo. No regresé siendo la misma Angélica que se fue. Además, pasé la Navidad de 2025 en familia.
Asistir a la Feria del Libro de Bogotá: en 2025 asistí a la Feria del Libro y tuve la oportunidad de hablar sobre Escribir fantasía desde el Caribe colombiano: magia, memoria y mar en el podcast de Calixta Editores. Fue un espacio significativo, no solo por el tema, sino porque significó tomarse en serio el haber publicado un libro.
Crear La Monarca Azul: un blog que nació como un passion project. No sabía nada de WordPress, diseño web o SEO. Aprendí sola, con tutoriales largos de YouTube, un poco de ChatGPT y mucha paciencia. Hoy puede verse artesanal, pero está hecho con intención, cuidado y constancia. Y sin buscarlo, este proyecto me preparó para el mundo laboral.
Trabajar remoto: Después de muchos rechazos, encontré un trabajo remoto bilingüe. Tras dos años fuera del mundo laboral, volver a una computadora fue desafiante, pero también agradable. Ya tenía experiencia trabajando desde casa, pero no vivir con mis jefes, no terminar físicamente agotada marcó una gran diferencia.
Todo lo vivido, mi formación profesional, la experiencia migratoria, el inglés se alinearon para el rol que estoy desarrollando. Empecé medio tiempo y terminé creciendo a tiempo completo. Estoy aprendiendo mucho más de lo que imaginaba y, además, ha sido una experiencia mejor remunerada de lo que esperaba.
El crecimiento que no se ve
Hay logros de los que casi no se habla. Tuve muchos momentos de crecimiento silencioso. De esos de los que casi no se comparte en redes sociales. Volver a casa también implicó reconciliarme con mi cuerpo, con mi historia, con heridas que no se sanan de un día para otro. Bajar el nivel de estrés, poner límites más sanos, mirarme al espejo con menos dureza. Darme permiso para estar inactiva, para repensar lo que hago y lo que haré.
No gané una oportunidad académica que busqué durante más de dos años. Estudié inglés, presenté el TOEFL, hice entrevistas y exámenes médicos, pero no obtuve la beca. Quedé decepcionada, pero al mismo tiempo liberada. Entendí que no era lo que necesitaba en ese momento y hasta el día de hoy siento que quizás fue lo mejor para mí a nivel personal y profesional.
Ese proceso me llevó a una etapa de discernimiento vocacional. Las metas están hechas para ayudarnos a crecer, no para forzarnos ni encasillarnos. Cuando crecemos, ellas lo hacen con nosotros. No quiero estudiar una maestría solo porque “debería” tener una. No tengo prisa. Nadie me está presionando. Me estoy abriendo a otras áreas laborales que no había explorado y, aunque no encajen con la idea tradicional de lo que “debería ser o estudiar”, me permiten ver un horizonte más amplio: un trabajo estable, mayor calma y la certeza de que, cuando esté lista para estudiar, encontraré el programa adecuado, con beca o sin ella.
Dejar de competir: solo existe una versión de mí
Una de las lecciones más difíciles que he aprendido ha sido dejar de compararme. Desde pequeña, al menos en mi caso, me inculcaron compararme con los demás. De hecho, el mundo parece estar configurado así: debes competir por las cosas porque no hay para todos. Y para competir hay que compararse. La competencia implica, inevitablemente, ganar o perder.
No existe otra persona que haya vivido exactamente lo mismo, con las mismas herramientas, el mismo cuerpo y la misma historia que yo. La única comparación justa es conmigo misma. Eso, curiosamente, baja muchísimo la ansiedad y elimina el miedo infundado de “perder”.
No escribí este blog los dos primeros meses del año. Fueron meses caóticos, en los que incluso me replanteé lo que hago aquí. Pero basta con ver la página, recordar lo que logré, mirar ese proyecto que empezó como un draft en PowerPoint y se convirtió en lo que es ahora, para saber que está bien y que merece una oportunidad. Cuando empecé este proyecto tenía mucho más tiempo libre, un trabajo de medio tiempo, no estaba escribiendo mi siguiente novela y luego se me juntó todo.
Sin embargo, seguiré escribiendo en La Monarca Azul. Mi meta es convertirla en mi biblioteca virtual, un lugar al que volver cuando lo necesite y que seguirá creciendo a medida que yo lo hago.
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