Una intrusa en la sala

No sé de dónde vino, pero la vi entrar. Osadamente se paseaba cerca de la fila que llevaba a la Caja. Me asusté por ella; sabía que la pisarían, pero no hice nada: me emocionaba lo que pudiera suceder. Quería verlo.
Una, dos y luego tres personas que habían sido atendidas pasaron cerca de ella, pero ninguna le hizo daño. Salir ilesa tres veces fue una hazaña que me tensionó por varios segundos. Había contado con mucha suerte, pero, ¿por qué no se iba? ¿Estaba loca? ¿Qué podría conseguir ahí?
Yo la seguí mirando mientras mi fila avanzaba. Una chica salió de Registro Académico, adonde yo me dirigía, y avanzó hacia ella. La joven no la vio y la cucaracha tampoco se quitó. Mi corazón se aceleró antes de que la pisara, pero cuando quitó la sandalia de su cadáver, no pude evitar reírme.
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